Raymond Loewy

Ha ocurrido más de una vez. Diseñadores fascinados por una estética: un cúmulo de tendencias que se transforman en algo que llamamos moda. Después de un tiempo, nadie recuerda y lo que fue razón de ser ahora es sólo estilo. Pero siempre está la posibilidad de volver sobre los pasos.
En 1929, Estados Unidos se derrumbó tras el peor desastre especulativo en la Bolsa de Valores de Wall Street. Era hora de levantar a la nación. Pero esto no sería posible tan sólo diseñando para la sustentabilidad: también era necesario levantar el espíritu. Por ello, la década del treinta en Estados Unidos configura la alianza más productiva en cuanto al diseño industrial norteamericano se recuerde: la voluntad del gobierno de Roosevelt, el ímpetu de la industria por resurgir y el diseño con visión de esperanza que trajo Raymond Lewy.


El autodenominado padre del diseño industrial norteamericano es una marca en sí mismo. Pero, a diferencia de muchos cultores de la forma posteriores, su trabajo se desarrolló en base al objetivo de hacer soñar a un pueblo desencantado. Como una inmenso trabajo de psicoanálisis, ayudó a reconstruir la identidad de una nación sumida en la angustia y el No Future. Sus formas aerodinámicas proyectaban las ideas hacia adelante, poniéndolas en movimiento, haciendo sentir que el futuro ya estaba aquí y que era mejor que el presente. En muchos de los diseños de Loewy, sin dejar de lado la funcionalidad y la eficiencia, se incorpora el sentido de proyección y, en ese sentido, su cinética es atemporal.
Nacido en Francia, su visión prioritaria de la forma y su estilo indirectamente relacionado con lo emocional vienen de su formación en el mundo del diseño de modas. Tras servir como piloto de guerra para su país, emigró a los Estados Unidos, en donde llegaría a nacionalizarse como muestra de compromiso con el proyecto nacional del que formaba parte. Antes de todo esto, en Nueva York trabajó para los grandes almacenes Macy’s, en el diseño de escaparates, además de ilustrador de modas para Vogue y Harper’s Bazaar.

La necesidad lo llevó a pasar al campo industrial, justo en el nefasto año de 1929, el del gran crack de la bolsa, en proyectos para compañias como Gestetner, Westinghouse y Hupp Motor Company; aquí adquiriría la expertiz suficiente para su labor posterior en la industria. Ejemplo de esto es el rediseño del refrigerador Coldspot para Sears-Roebuck.
En 1937, en plena época de la fiebre americana por las ferias industriales de conceptos como Futurama y El Mundo del Mañana, en donde se proyectaban los adelantos y se exhibían en convenciones llamadas Ferias Mundiales, Loewy recibió el encargo, no menos simbólico, de estilizar los ferrocarriles de pasajeros, la misma tecnología que ayudó a establecer la nación americana en el siglo XIX. Para la Pennsylvania Roadrails diseñó una carrocería aerodinámica, K4 Pacific, y sus posteriores modelos S1 y la clase T1, y también rediseñó la locomotora diesel Baldwin, dándole una característica “nariz de tiburón” muy propia de sus formas proyectivas aerodinámicas e influenciadas por el art decó. Es muestra de ello también la sustitución en sus diseños de los remaches por soldaduras y pulidos, además del uso de la pintura y las formas figurativas como elementos de impacto cinético.
Es válido decir que Loewy fue, en rigor, un diseñador gráfico aplicado al diseño industrial. Sin embargo, estaba lejos de ser un mero artista figurativo (lo cual muchos de sus herederos e imitadores ignoran). En algún momento fue portada de la revista Time bajo el título: “Fuera la función, entra la forma”. Sin embargo, no deja de ser un análisis errado. ¿Es acaso el rediseño de la botella personal de Coca Cola un capricho ergonométrico? ¿O el modelo del Greyhound Bus, inclusive utilizado hasta hoy via reciclaje urbano? ¿Y la revolución en aerodinámica automotriz que significó la línea de modelos studebaker hasta bien entrados los 60? Asimismo, obsérvese la pregnancia de su trabajo en imagen corporativa, con el logo de Shell, el packaging de Lucky Strike y los dispenser de Coca Cola?
¿Es Loewy un símbolo americano? Absolutamente. ¿Pero es vano y fútil como un festival de barras y estrellas? Parece que no. Su línea de diseño hoy parece obsoleta, pero su funcionalidad permanece en vista de los trabajos de muchos que desean proyectar modernidad y adelanto. La asociación con una estética futurista y de retrociencia ficción, patente en filmes como Sky Captain and the World of Tomorrow, El Aviador, de Scorsese, y la serie animada de Batman de 1992 son un homenaje e inspiración patente de la obra de un diseñador que contribuyó a levantar a un país. Una labor que, más allá de simpatías o ideales, e incluso errores, no puede dejar de ser considerada, imitada y mejorada en nuestro diario quehacer.

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Esta entrada fue publicada en Enero 2011. Guarda el enlace permanente.

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