El Padrino

Si existe una película cuyo logo sea mundialmente conocido, esa es El Padrino. Su logo simboliza la manipulación del hombre en todos los estamentos, lo que hace que la trama se refleje con claridad.

El Padrino es una película basada en el libro del mismo nombre escrito por el novelista italoamericano Mario Puzo, aunque la novela al momento de su lanzamiento fue todo un éxito, irónicamente a Puzo no le gustaba, inclusive declaró que sólo la escribió con el afán de ganar dinero. Puzo conoció en la primavera de 1968 a Robert Evans, productor ejecutivo de la Paramount Pictures en ese tiempo, y le ofreció los primeros borradores de una futura obra que tentativamente se llamaría Mafia, Evans le compró los derechos de la novela a Puzo por $12,500 dólares. Después de la salida y éxito de la novela, ahora titulada El Padrino, en abril de 1969, la Paramount Pictures decidió llevarla a la pantalla grande y convertirla en la típica película de gangsters, la casa productora veía en esta película una mera explotación comercial del best-seller de Puzo. A pesar del gran éxito de la novela, los directores de los estudios no querían realizar el proyecto ante el fracaso de películas de corte similar como The Brotherhood, dirigida por Martin Ritt en 1968 y estelarizada por Kirk Douglas. Sin embargo los ejecutivos Peter Bart y Robert Evans creían que el fracaso de éstas se debía a que eran realizadas por “italianos hollywoodenses”, y para que la película tuviera éxito, a lo que Evans se refirió como “que se pudiera oler el spaghetti”, debía ser hecha por italo-americanos, aunque en una clara contradicción a esta idea eligieron a Albert “Al” Ruddy para producirla. Inicialmente se planeó como una producción clase B, de bajo costo y sin mayores pretensiones. Pronto Charles Bluhdorn, el empresario austriaco-estadounidense dueño de la Gulf & Western (que compró a la Paramount en 1966) y benefactor del proyecto, y Stanley Jaffe, presidente de la Paramount, comenzaron a entrevistarse con diversos directores para el proyecto y, ante la negativa de éstos, contrataron a Francis Ford Coppola, un italo-americano de 31 años que sólo había dirigido un puñado de películas. La polémica y la agitación siguieron al anuncio del proyecto, presentaron protestas la Liga de los Derechos Civiles de los Italoamericanos, senadores del Congreso de los Estados Unidos y legisladores del estado de Nueva York, inclusive se llegaron a recibir amenazas de bomba y auténticas intimidaciones para que no se efectuara el rodaje. Pero se hicieron reuniones y las negociaciones tranquilizaron a muchos de los que protestaban, a los que incluso llegó a convencerse de que participaran en la realización de la película. El primer día de producción fue oficialmente el 23 de marzo de 1971 con un presupuesto inicial de cerca de un millón de dólares. Tres semanas después de empezado el proceso de la cinta, cuestiones fundamentales debían aún ser resueltas: el presupuesto, el reparto, las locaciones y en qué época se situaría la acción. El director solicitó a la compañía ochenta días para filmar la película, cosa a que accedió el estudio y le otorgaron 83, aunque sólo se emplearon 77. En pleno desarrollo conceptual, los problemas entre los ejecutivos y el novato director salieron a flote, Coppola quería ser fiel a la novela, haciéndola de época y filmándola en Nueva York, lo que al final elevó considerablemente todo el costo del diseño de producción y llevó a la Paramount a gastar seis veces más de lo esperado (aproximadamente $6.2 millones de dólares). Cuando se comenzó a rodar la película los problemas no disminuyeron, se vinculó a la filmación con la Mafia y se acusó de que pedían “colaboraciones como técnicos consultores”. La polémica se incrementó cuando el papel de Luca Brassi le fue otorgado a Lenny Montana, un ex luchador que durante un tiempo se le vinculó con la familia Columbo. Mientras tanto en el interior de los sets, Gordon Willis tenía diferencias constantes con Francis Ford, criticando su poca experiencia en el plano. Las escenas rodadas en la casa de los Corleone, que se ubicaba en Long Beach, L.I. se filmaron en Staten Island, los vecinos de Long Island se negaron a participar en la película afirmando que ésta glorificaba a la mafia. La escena en la que es asesinado Sonny se filmó en un aerodromo desierto de Long Island, se fabricó una caseta de peaje de los años 40 y se colocó un gran cartel detrás de éste, no sólo para ambientar sino para ocultar un complejo de edificios que se encontraban cerca del lugar de filmación.

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Esta entrada fue publicada en Marzo 2011. Guarda el enlace permanente.

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